El escalador nace, crece, se centrifuga, sale disparao y se restablece.

Durante la vida de todo escalador con cierta implicación en su labor hay un momento de su vida donde siente que se le “abren lo ojos”, ve “no-se-qué” y entra repentinamente en el llamado “tunel de aceleración” donde procesa un profundo centrifugado.



En ese momento el escalador no ve fin a sus límites, va de subidón, se descontrola, pasa de la decepción al entusiasmo en un “plis-plas”, empieza a ser contradictorio, a decir disparates, ….De hecho, decir disparates, sin embargo, es un “fet” que acostumbra a acompañarle durante todo su ciclo escalatoril. En resumen, va lo que se dice acelerao. Revolucionado.

Este proceso de centrifugado puede que dure más o menos tiempo y a veces se repite periodos posteriores de su vida (ve que se le acaba el tiempo) . Una vez entras en el tunel no sabes cuando ni como vas a salir. Mientras dura, uno da vueltas y vueltas y vueltas sobre si mismo y sus obsesiones roqueriles. Hasta que llegado el momento …shhhhuummmmmm! Sale disparao del tunel yendo a parar a vete-a-saber-tu.


Se le estabilizan entonces sus constantes vitales, se “humaniza”, vuelve a ser predecible, … Se desacelera, que diríamos.

Lo hará de forma más rápida o no tanto; aterriza más o menos cercano al punto donde entró. Su ritmo se pausa, que no significa desmotivarse aunque si cierto desasosiego. Y, tras recuperarse del chock, si perdura, prosigue por el camino que le ha sido marcadopor la salida más o menos accidentada del impetuoso tunel hasta, nunca digas nunca jamás, un posible futuro y traumático centrifugado